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Mastercard, Visa y la nueva pelea por los rails del dinero digital

Mastercard y Visa ya compiten por los rails del dinero digital. Qué significa esta pelea por infraestructura, distribución y control de la capa transaccional.
Mastercard y Visa ya compiten por los rails del dinero digital. Qué significa esta pelea por infraestructura, distribución y control de la capa transaccional.

Durante años, Mastercard y Visa dominaron una parte central del sistema de pagos global: la capa que conecta emisores, adquirentes, comercios y consumidores a través de redes con escala planetaria. Pero la nueva discusión ya no gira solamente alrededor de las tarjetas. Con el avance de las stablecoins, los pagos programables y las integraciones entre dinero fiat y dinero on-chain, ambas compañías están entrando en una pelea distinta: la de los rails del dinero digital. Es decir, la infraestructura que define por dónde circula el valor, quién lo convierte, quién lo liquida y quién captura la relación con el usuario y con las empresas.

La razón por la que esta pelea importa tanto es simple: cuando cambia el rail, cambia el negocio. En pagos, la mayor parte del poder no proviene solo de la marca visible, sino del control de la capa transaccional. Quien controla esa capa decide la velocidad, el costo, la interoperabilidad, la aceptación, la conversión entre monedas y, cada vez más, la integración entre el sistema financiero tradicional y los nuevos activos digitales. Eso es lo que Mastercard y Visa parecen haber entendido: si las stablecoins pasan de nicho cripto a infraestructura de uso real, la batalla no será por “adoptarlas” en abstracto, sino por evitar que ese nuevo tráfico de valor circule por fuera de sus redes.

En el caso de Mastercard, la señal más fuerte fue su acuerdo para comprar BVNK por hasta US$1.800 millones, incluyendo pagos contingentes. Reuters reportó que BVNK conecta fiat y stablecoins en más de 130 países y que la operación apunta a acelerar remesas cross-border, pagos empresariales y payouts usando infraestructura blockchain. La lógica estratégica es transparente: en lugar de esperar a que una capa externa crezca y luego negociar acceso, Mastercard decidió comprar directamente una pieza de infraestructura que ya resuelve conversión, orquestación y licencias en múltiples geografías. En términos de control de rails, eso equivale a comprar tiempo, capilaridad y capacidad de despliegue.

La propia Mastercard lo planteó en esos términos. En su comunicado oficial dijo que la adquisición amplía su soporte “end-to-end” para movimiento de valor a través de monedas, rails y regiones, y remarcó que las oportunidades incrementales para stablecoins y depósitos tokenizados aparecen especialmente en remesas, payouts, pagos P2P y B2B. Esa definición es clave porque revela cómo está viendo el mercado: no como una amenaza lateral desde el universo cripto, sino como un rediseño de los tubos por donde puede circular el dinero. La tarjeta, en este marco, sigue siendo relevante, pero deja de ser el único protagonista. Lo central pasa a ser la capacidad de unir on-chain y off-chain dentro de una misma experiencia.

Visa, por su parte, está jugando una partida distinta, aunque con el mismo objetivo de fondo. Reuters reportó que la compañía ya tiene un run rate anualizado de US$7.000 millones en settlement con stablecoins y que ese volumen creció más de 50% frente al trimestre anterior. Visa además dijo oficialmente que su piloto global de settlement con stablecoins ya soporta nueve blockchains, luego de sumar cinco redes más a fines de abril. Ese dato importa porque muestra que la empresa no está tratando las stablecoins solo como una función comercial marginal, sino como una capacidad operativa que quiere expandir dentro de su propia red.

La otra pata de la estrategia de Visa es Bridge. Reuters informó que Visa se asoció con la startup de infraestructura de stablecoins para lanzar tarjetas vinculadas a stablecoins, comenzando por mercados de América Latina como Argentina, Colombia, Ecuador, México, Perú y Chile. En esa arquitectura, Bridge administra el backend y convierte los saldos en stablecoins a moneda local al momento de la compra, mientras la experiencia para el usuario y para el comercio se mantiene dentro de un formato conocido. Visa, además, dijo en marzo que esas tarjetas ya estaban activas en 18 países y que planeaba expandirlas a más de 100 países hacia fin de año. En otras palabras, la empresa está bajando los rails on-chain a la interfaz más masiva que conoce: la tarjeta.

Ahí aparece la diferencia más interesante entre ambas estrategias. Mastercard se está moviendo con una lógica más claramente infraestructural, comprando una pieza que le da acceso directo a rieles de stablecoins, licencias y conectividad entre mundos. Visa, en cambio, está integrando settlement on-chain dentro de su red existente y usando partners como Bridge para hacer que esa infraestructura se exprese como producto. Dicho de otro modo: Mastercard compra un puente; Visa extiende su autopista y le agrega nuevas entradas. Son caminos distintos, pero ambos apuntan al mismo lugar: evitar que la siguiente generación del movimiento de dinero se arme sin ellos.

Esta disputa no es solo tecnológica. También es una pelea por distribución. Los rails del dinero digital no valen únicamente por su eficiencia técnica; valen porque logran insertarse en flujos reales. Visa y Mastercard ya tienen una ventaja histórica en ese terreno: millones de comercios, acuerdos con emisores, presencia global, marcas reconocidas y experiencia regulatoria. Si logran que las stablecoins funcionen dentro de esa red de distribución, pueden capturar el valor de la transición sin obligar al mercado a reinventar por completo la experiencia de pago. Esa es una ventaja enorme frente a muchos actores cripto que tienen capacidad técnica, pero no necesariamente aceptación ni capilaridad comercial.

Pero la distribución no alcanza si la infraestructura queda afuera. Por eso Mastercard compró BVNK y por eso Visa acelera settlement, tarjetas y pilotos multi-chain. En ambos casos, el objetivo parece ser el mismo: no quedar relegadas a una simple capa de front-end mientras otra empresa controla la liquidación, la conversión y la lógica programable del dinero. Ese riesgo no es teórico. Stripe compró Bridge en 2024, en una operación valorada por Forbes en US$1.100 millones, y en febrero de 2025 cerró formalmente la adquisición. Luego, en febrero de 2026, Reuters reportó que Bridge obtuvo aprobación condicional para establecer un trust bank nacional en Estados Unidos, lo que ampliaría su capacidad para ofrecer custodia digital, emisión y orquestación de stablecoins, y gestión de reservas para empresas y entidades financieras. Eso muestra que el partido no es solo entre Visa y Mastercard: también hay fintechs y plataformas tratando de escalar la misma capa.

Desde el punto de vista de producto, esto cambia la definición de “red de pagos”. Antes, una red era principalmente una infraestructura cerrada para autorizar, enrutar y liquidar operaciones de tarjeta. Ahora una red puede ser también una capa que conecta wallets, stablecoins, depósitos tokenizados, cuentas bancarias y checkout global dentro de una misma arquitectura. El valor no está solo en autorizar una compra, sino en hacer posible la interoperabilidad entre distintos formatos de dinero. Ahí es donde la idea de “multi-rail” deja de ser un slogan corporativo y empieza a describir una necesidad competitiva.

La capa transaccional se vuelve todavía más relevante cuando se mira el negocio cross-border. Reuters señaló que BVNK complementa las soluciones de Mastercard justamente en remesas, pagos empresariales y payouts con ventajas de velocidad, costo y disponibilidad. Reuters también informó que Visa ve crecer la demanda por settlement con stablecoins y que su volumen anualizado ya se ubica en US$7.000 millones. En ambos casos, el mensaje es que el dinero digital no se está probando solo para casos exóticos: está entrando por donde históricamente hubo más fricción, más costo y más margen para una mejora de infraestructura.

América Latina es un escenario especialmente importante dentro de esta pelea. Visa eligió varios mercados de la región para sus primeras tarjetas ligadas a stablecoins, y Reuters reportó el año pasado que el banco central de Brasil observaba que alrededor del 90% del flujo cripto del país ya estaba ligado a stablecoins, usadas en gran parte para pagos y transferencias internacionales. Eso convierte a la región en un laboratorio perfecto para la disputa por rails: tiene remesas, pagos cross-border, demanda de dólares digitales, fricción cambiaria y una base de usuarios más abierta a nuevas herramientas si estas resuelven problemas concretos.

También hay una dimensión regulatoria que no conviene subestimar. El BIS advirtió en abril que, sin cooperación internacional, los marcos divergentes sobre stablecoins pueden generar fragmentación severa o arbitraje regulatorio. En paralelo, el gobernador del Banco de Inglaterra dijo esta misma semana que se viene una “pulseada” entre Estados Unidos y los reguladores internacionales sobre el tratamiento de las stablecoins, y en Europa se multiplican tanto los consorcios bancarios para lanzar alternativas propias como el escepticismo del BCE frente a ciertas emisiones privadas. Todo esto importa para Mastercard y Visa porque controlar un rail ya no es solo cuestión de tecnología y distribución: también exige navegar licencias, estándares y compatibilidad regulatoria entre jurisdicciones.

En este contexto, la pelea entre Mastercard y Visa por los rails del dinero digital no debería leerse como una simple expansión hacia “cripto”. Es más preciso verla como una defensa activa del corazón de su negocio. Si el dinero empieza a circular de forma más programable, más permanente y más interoperable, las dos compañías necesitan seguir siendo relevantes en ese nuevo mapa. Una comprando infraestructura y acelerando capacidades on-chain. La otra expandiendo settlement y envolviendo esas capacidades en productos de consumo y de emisión global. Ninguna está apostando a un experimento periférico. Las dos están tratando de asegurarse un lugar en la siguiente versión de la capa transaccional.

La conclusión, entonces, es menos sobre tarjetas y más sobre control. Control del backend, de la conversión, de la integración con comercios, de la experiencia y del estándar de facto con el que el mercado moverá dinero digital. Quien gane esa posición no solo procesará transacciones: definirá las reglas prácticas de una nueva infraestructura financiera. Mastercard y Visa ya entendieron que la pelea por los rails del dinero digital empezó. La pregunta abierta es si lograrán dominarla como dominaron la era de las tarjetas, o si esta vez tendrán que compartir mucho más terreno con fintechs, bancos tokenizados y nuevos operadores nacidos directamente sobre blockchain.

¿Qué son los rails del dinero digital?

Son la infraestructura y los mecanismos que permiten mover, convertir, liquidar y distribuir valor digital entre usuarios, empresas, bancos, wallets y comercios. En esta nueva etapa incluyen tanto redes tradicionales como stablecoins y sistemas on-chain.

¿Por qué Mastercard compró BVNK?

Para acelerar su presencia en pagos basados en stablecoins y sumar una infraestructura que conecta fiat y on-chain en más de 130 países, con foco en remesas, pagos empresariales y payouts.

¿Qué está haciendo Visa en esta carrera?

Visa expandió su piloto de settlement con stablecoins a nueve blockchains, dijo que su run rate anualizado llegó a US$7.000 millones y trabaja con Bridge para emitir tarjetas ligadas a stablecoins en mercados de América Latina y otros continentes.

Tags: Fintech Mastercard Negocios Stablecoins Visa

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